Ir al contenido

Reflexión de fin de año

Lo que aprendí al construir Makana en medio de la incertidumbre

Compartir:
Reflexión de fin de año

Hay una pregunta que me ha acompañado durante todo este camino.
¿Esto que estoy construyendo realmente le mejora la vida a alguien?

No como una reflexión bonita, sino como una duda constante.

Desde 2022 hasta mediados de 2025, avanzar con Makana fue convivir con la incertidumbre. Muchas veces no sabía si las personas lo iban a adoptar, si las empresas iban a estar dispuestas a comprarlo, o si el impacto que buscábamos iba a existir más allá de la intención.

Parte de esa incertidumbre venía de algo muy concreto: estábamos construyendo algo que, al menos que sepamos, nadie había hecho antes en el mundo. No había un caso en Europa, en Estados Unidos o en otro mercado al que mirar y decir “esto funciona así” o “estos son los resultados que genera”.

Emprender así es emprender en modo difícil.

Es vender sin referencias.
Es explicar una convicción sin poder mostrar todavía una prueba externa.

La idea de fondo siempre estuvo clara: personas más sanas son un mejor negocio. Todo el mundo lo cree. Suena lógico.

Pero una cosa es creerlo, y otra muy distinta es demostrarlo, medirlo y trabajarlo en la práctica. Convertir esa convicción en algo observable, replicable y defendible con datos.

Ese sigue siendo el desafío.

Pero este año, por primera vez, empezó a hacer sentido.


Un año de crecimiento real

Este año, el crecimiento empezó a cumplir un rol distinto para mí.
No como una meta alcanzada, sino como pequeñas señales que me ayudaban a trabajar esa pregunta que me venía acompañando desde hace tiempo. Cada avance no respondía todo, pero iba sumando información y, con eso, algo de confianza en lo que estábamos construyendo.

Makana creció más de 8 veces en facturación. Más que un número, fue una primera validación: más empresas dispuestas a sumarse, a confiar y a acompañar una convicción que todavía estaba en construcción.

Después vino algo aún más concreto.

Este año acumulamos más de 155.000 minutos de atención.

Minutos reales.
De uso efectivo.
Personas que volvían, que repetían, que encontraban valor en el servicio.

Para ponerlo en perspectiva: si una sola persona estuviera usando Makana 24/7, eso equivale a 108 días seguidos. Cuando lo vimos así, fue inevitable pensar: ok, esto es harto.

Y claro, leído así, puede sonar intenso.

Si eres gerente, probablemente este número te asusta un poco, jajaja.

Pero no es tiempo perdido.

Es tiempo que las personas invierten en sentirse mejor.
Y cada vez con más claridad, tiempo que sí tiene retorno.

Ahí empezó a responderse otra parte importante de la pregunta:
esto no solo se contrata. Se usa. Y se valora.

Pero quizás lo que más me hizo sentido fue ver crecer al equipo.

Este año se sumaron 6 nuevas personas a Makana. Y eso, para mí, tiene un peso distinto. No es solo crecimiento operativo: es gente que decidió apostar por construir algo que nadie ha hecho antes en el mundo. Sumarse a esa incertidumbre no es fácil, sobre todo cuando uno está buscando estabilidad o dando un paso importante en su carrera.

Más aún considerando que trajimos talento de primer nivel. Personas que venían de empresas grandes y consolidadas, donde competir por ese talento no es trivial. Makana no es una startup ruidosa, ni una empresa “de moda” levantando millones, ni un corporativo gigante. Y aun así, eligieron venirse.

Ver eso fue una señal potente.

Más personas creyendo.
Más gente remando en la misma dirección.
Más razones para seguir empujando.

Cada uno de estos pasos no responde todo, pero va construyendo confianza.


Del dato a la vida real

A medida que todo esto avanzaba, había una duda que todavía necesitaba respuesta:
¿Esto realmente estaba mejorando la vida de las personas y, al mismo tiempo, impactando de verdad en el negocio?

Ahí la investigación fue clave. No solo porque ayudara a nivel comercial, sino porque por primera vez tuvimos evidencia estadística del impacto que estábamos buscando.

Para alguien profundamente data driven como yo, eso marcó un punto de inflexión.

Ya no era solo intuición.
Ya no era “se siente que funciona”.

Los datos empezaron a mostrar algo muy concreto: las personas que usan Makana se ausentan un 17,5% menos.

Menos licencias.
Menos pausas forzadas.
Más continuidad en su trabajo y en su vida diaria.

Ahí los números dejaron de ser fríos.

Porque detrás de ese 17,5% hay personas reales. Personas que llegan con molestias y que, con el tiempo, dejan de parar. Personas que duermen mejor, que se sienten menos cargadas y que logran sostener su día a día con menos dolor.

Y ahí es cuando todo se conecta.

Escuchar a María Aynol, trabajadora de Mowi, decir “me ha cambiado harto la vida” deja de ser solo una frase emotiva. Empieza a tener contexto. Empieza a tener respaldo (Haz click acá para ver el testimonio de María).

No es solo una historia bonita.

Es la cara humana de lo que los datos ya estaban mostrando.
Una experiencia que se repite, que se puede medir y que empieza a explicarse con evidencia.

Para mí, ese cruce —entre investigación, impacto y personas reales— fue uno de los momentos más importantes de este camino. Porque confirma algo que veníamos intuyendo desde el inicio:
cuando las personas están mejor, el negocio también funciona mejor.


Los desafíos que vienen

Si algo me queda claro después de este año, es que el desafío sigue siendo demostrar la convicción.

Porque una cosa es creerlo, y otra muy distinta es demostrarlo, medirlo y trabajarlo en la práctica. Convertir esa convicción en algo observable, replicable y defendible con datos sigue siendo complejo. Y probablemente lo seguirá siendo por un buen tiempo.

La diferencia es que hoy el desafío ya no parte desde cero.

Este año, por primera vez, empezó a hacer sentido. No porque esté resuelto, sino porque empezaron a aparecer señales claras de que vamos en la dirección correcta. Y cuando eso pasa, las preguntas inevitablemente cambian.

¿Cómo escalamos sin perder lo que nos trajo hasta acá?
¿Cómo mantenemos una relación cercana con nuestros clientes cuando el volumen crece?
¿Cómo instalamos decenas —o cientos— de módulos en poco tiempo, sin perder calidad ni experiencia?
¿Cómo seguimos cuidando el detalle cuando toca, por ejemplo, montar 100 módulos en una semana?

Y quizás la pregunta más importante:
¿Cómo seguimos tomando buenas decisiones cuando el margen de error se vuelve más chico?

Crecer trae complejidad.

Más procesos.
Más personas.
Más expectativas.

El foco hoy no está solo en crecer más rápido, sino en crecer bien.

Seguir midiendo.
Seguir escuchando.
Seguir ajustando.

No tenemos todas las respuestas.

Pero tenemos algo que antes no: señales suficientes para seguir avanzando con convicción, incluso sabiendo que el desafío sigue ahí.

Y con eso, seguimos empujando.

Compartir:

Newsletter Makana

Buenas ideas.
Directo a tu correo.

Historias reales, herramientas y aprendizajes de bienestar para quienes cuidan equipos.

Puedes darte de baja cuando quieras.

El próximo paso,
con tu equipo.

Conoce cómo se vería Makana en tu organización. Conversemos sobre lo que necesitas.

Solicitar una demo

30 minutos online · Sin compromiso